Un humilde mecánico vestido con overol manchado de grasa entra a la sala de juntas corporativa. Los ejecutivos y el presidente de la empresa lo humillan e insultan, llamándolo «muerto de hambre» y exigiendo que lo saquen. Lo que la soberbia directiva desconoce es que el hombre al que acaban de pisotear es, en realidad, el nuevo dueño absoluto que compró toda la compañía.
